Romper la ortogonalidad. Dos series de murales en conjuntos habitacionales de la Ciudad de México.

Nicandro Puente, “Tlatelolco, raíz y expresión de México”, 1997. Fotografía: Cuauhtémoc Islas

En el siguiente texto se abordan dos series de murales en la Ciudad de México. Estos conviven con el patrimonio arquitectónico habitacional de la capital complementando, incluso dando más vida al estilo Moderno de mediados de siglo XX.  Considero que deben de ser tomados en cuenta por su aportación estética y discursiva a sus edificios y por la trayectoria de los artistas.  Por una parte están los murales de Nicandro Puente Eguía en Tlatelolco al costado de la Planta de Tratamiento de Aguas Negras del Jardín La Pera, hay otro a un costado del edifico Molino del Rey y, el más visible si uno viaja en auto sobre la avenida Eje Central, a un lado del edificio Aguascalientes poco después de la Plaza de las Tres Culturas. Y por otra parte están los murales de el pintor José Hernández Delgadillo en el Conjunto Habitacional Morelos mejor conocido como “Los Soldominios” en la colonia Doctores. Sus historias han sido olvidadas por la ciudad, incluso hay vecinos que las ignoran. Figuras geométricas regulares, irregulares y otras formas estilizadas modifican la monotonía de los ángulos rectos. Los elementos plasmados buscan reforzar la idea de comunidad y da manera abstracta hacen recuentos de la historia de esta ciudad. Antes hay que hacer un breve repaso de la historia de los inmuebles en los que están adheridos.

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¿Preservar el pasado es sacrificar el futuro? Modificación al Espacio Escultórico.

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El Espacio Escultórico en Ciudad Universitaria. Fotografía Cuauhtémoc Islas.

Durante los años setenta en cuanto a las artes visuales en México la acción se centraba en el trabajo colectivo y de experimentación después de la agitada y política década anterior. La Universidad Nacional Autónoma de México comisionó a seis artistas trabajar en el Pedregal, terreno volcánico que dificulta la construcción al sur de la Ciudad de México. En 1979 concluye la obra de Helen Escobedo, Manuel Felguérez, Mathias Goeritz, Hersúa, Sebastían y Federico Silva. 64 triángulos de concreto rodean 120 metros de diámetro de lava solidificada. Una pieza colectiva en un espacio abierto en la naturaleza, rodeado de matorrales y plantas xerófitas. Un lugar para estar solo, alejado, solo ver el horizonte. Hoy se acusa a un edificio nuevo de “atentar” contra esta obra. ¿Qué pasa cuando las necesidades de la Universidad se contraponen al legado artístico? ¿La estética y el discurso de una obra son más importantes o es un capricho ante las soluciones necesarias?

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