Romper la ortogonalidad. Dos series de murales en conjuntos habitacionales de la Ciudad de México.

Nicandro Puente, “Tlatelolco, raíz y expresión de México”, 1997. Fotografía: Cuauhtémoc Islas

En el siguiente texto se abordan dos series de murales en la Ciudad de México. Estos conviven con el patrimonio arquitectónico habitacional de la capital complementando, incluso dando más vida al estilo Moderno de mediados de siglo XX.  Considero que deben de ser tomados en cuenta por su aportación estética y discursiva a sus edificios y por la trayectoria de los artistas.  Por una parte están los murales de Nicandro Puente Eguía en Tlatelolco al costado de la Planta de Tratamiento de Aguas Negras del Jardín La Pera, hay otro a un costado del edifico Molino del Rey y, el más visible si uno viaja en auto sobre la avenida Eje Central, a un lado del edificio Aguascalientes poco después de la Plaza de las Tres Culturas. Y por otra parte están los murales de el pintor José Hernández Delgadillo en el Conjunto Habitacional Morelos mejor conocido como “Los Soldominios” en la colonia Doctores. Sus historias han sido olvidadas por la ciudad, incluso hay vecinos que las ignoran. Figuras geométricas regulares, irregulares y otras formas estilizadas modifican la monotonía de los ángulos rectos. Los elementos plasmados buscan reforzar la idea de comunidad y da manera abstracta hacen recuentos de la historia de esta ciudad. Antes hay que hacer un breve repaso de la historia de los inmuebles en los que están adheridos.

Construir una ciudad de la cual todos estaríamos orgullosos

Durante la década de los años sesenta del siglo XX, la Ciudad de México atravesaba por un intenso proceso de industrialización y crecimiento acelerado. El gobierno unipartidista debía de cumplir con las demandas que conlleva el aumento en el número de la población y la migración a la gran capital. Esto incluía la reconfiguración de el espacio público para tránsito, vivienda y convivencia. En el movimiento Moderno en México, en el Periodo Heroico 1940-1968, la arquitectura mexicana se encontraba en auge gracias a inmensos proyectos para la construcción de fábricas, escuelas, hospitales, museos, centros deportivos y, los proyectos que parecen ser emblema de este periodo, los grandes conjuntos habitacionales. 

Se caracterizaba por la implementación de las entonces nuevas técnicas de construcción a buen costo con materiales como concreto armado, acero y vidrio flotado. Los altos edificios estaban dirigidos a la clase media pero también había departamentos considerados de lujo, lo mejor que podía conseguirse en la ciudad. La arquitectura estaba influenciada por las ideas del arquitecto de origen suizo Le Corbusier, en el mundo se le llamaba Estilo Internacional y no había lugar para la ornamentación. Eran composiciones ortogonales, lisas, sólidas y con espacios bien iluminados. Se aprovechaba al máximo el espacio y la funcionalidad. Pero en México, como en muchos otros ejemplos, no se asimilaron de manera pura las influencias externas. Se fusionaron con el pasado y nuestra forma de ser. Los ritmos que deberían ser sobrios y repeticiones modulares se mezclaron con pocos ornamentos, vestigios arqueológicos y eventualmente con expresiones culturales contemporáneas. En otros países como Estados Unidos o Brasil se comenzaron a construir ciudades en un lienzo prácticamente en blanco, solo se contemplaba el Estilo Internacional. En México se dio importancia a las capas históricas anteriores, se incorporan algunos elementos como geometrías prismáticas, una mezcla entre arraigo y modernidad no siempre bien vista en otros países. Aunque son de las características que tanto fascinan a tantos extranjeros que carecen de espiritualidad o de una idiosincrasia tan peculiar. Dos buenos ejemplos de esto son el Museo Nacional de Antropología e Historia del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez terminado en 1964 y la Plaza de las Tres Culturas que se encuentra en la sección La República del gran proyecto del Conjunto Habitacional Nonoalco Tlatelolco de Mario Pani terminado igualmente en 1964. Este último debió cambiar su diseño original para preservar la Zona Arqueológica de Tlatelolco y el Templo de Santiago Apóstol. Es una línea del tiempo palpable y transitable entre el pasado prehispánico, el colonial y la contemporaneidad.  

La imagen en donde habita el pueblo

Citando al escritor mexicano Guillermo Fadanelli : “El arte se dedica a poner objetos en el mundo que antes no estaban en él, a pesar de su repentina presencia nos causa la impresión de que se hallaban allí desde siempre. Son puertas inesperadas o paisajes inéditos hacia la ampliación del espacio”.  Los rectángulos, las largas líneas rectas, los planos grises o cafés, los horizontales reflejos sobre los vidrios se cortan o más bien se enriquecen con la imagen adherida a los muros. Durante las décadas siguientes, los artistas plásticos que sentían que su trabajo de caballete no tenían el suficiente efecto sobre la sociedad llevaban su trabajo a los muros de los complejos habitacionales o las paredes de las fábricas para que los obreros las apreciaran. 

México es mundialmente reconocido por su movimiento muralista de principio de siglo XX el cual no se detuvo. Desde entonces ha seguido desarrollándose con nuevas generaciones. Hoy en día hay nuevas y diversas propuestas estilísticas influenciadas por la ilustración, el graffiti y la cultura traída por la globalización, tanto que patrocinadores privados han llevado a grandes exponentes a fijar sus ideas en las paredes de otros continentes. Antes considero importante mencionar los momentos decadentes del muralismo en México de la segunda mitad del siglo XX. 

Después de los años sesenta, las imágenes de campesinos y obreros junto a historia y tradiciones ancestrales ya no eran coherentes con la política de ese momento. Ese nacionalismo exacerbado ya no era conveniente para la clase política que dirigía al país poco a poco a una época neoliberal dominada culturalmente por los medios de comunicación. Eran tiempos decadentes en cuanto a los encargos solicitados por medios oficiales. Pocos eran quienes aún eran buscados por el gobierno como Benito Messeguer o Vlady. 

Entonces una generación de artistas hace caso omiso a los permisos y pintan todos los murales que sean posibles, la permanencia del resultado no es lo más importante y se formaron colectivos multidisciplinarios que a la vez de que ayudaban de manera colectiva a preparar los muros, hacían teatro, declamación o danza para el goce de los vecinos. Algunos de esa generación fueron: Francisco Moreno Capdevila, Arnold Belkin, Mario Orozco Rivera, Arturo Estrada o Arturo García Bustos. 

Lamentablemente muchos de estos proyectos se han perdido por la mala calidad de los materiales y las preparaciones, también porque fueron tapados al no ser del agrado de patrones de fábricas o dueños de los inmuebles y finalmente muchos han sido demolidos. Afortunadamente aún hay murales aunque con el constante riesgo del deterioro y la falta de mantenimiento. 

Geometrismo, color e historia en Tlatelolco. Nicandro Puente

Nicandro Puente, “Tlatelolco 1985, sismo y resurrección”, 1997. Fotografía Cuauhtémoc Islas

Desde muy joven me ha intrigado ese mural vertical y estrecho que se erige en el edificio Aguascalientes.  Al pasar en auto sobre la avenida Eje Central, siempre lo miré con admiración y curiosidad. Predominantemente azul cuenta con ciertos elementos figurativos como cuerpos humanos, un caballo, manos, pequeñas referencias a los edificios coloniales y contemporáneos y todo coronado en lo más alto por un dibujo similar a un glifo prehispánico de un águila. Aplicando conocimientos de composición monumental, aprovecha las características del edificio como las líneas divisorias propias de los bloques de cemento. Años después, descubriría que hay más murales junto al Jardín la Pera. En esos espacios diseñados para pasar rápidamente en auto, estacionar vehículos y caminar, Nicandro Puente Eguía comenzó a pintar en 1997, junto con el grupo que él fundó a finales de los sesenta, la Red Urbana de Muralismo Comunitario.

 El artista de origen tamaulipeco, formado en La Esmeralda, junto con los vecinos y otros colegas artistas, pintaron los murales que llevan diferentes títulos: “Homenaje a la mujer”, “Tlatelolco 1985, sismo y resurrección”, “Tlatelolco, héroe y mártir de las libertades. 1968” y el título de la obra de la descripción con que comienza este texto: “Tlatelolco, raíz y expresión de México” terminado en 1998. El mural más grande, el que adorna la Planta de Tratamiento de Aguas Negras Tlatelolco es el más impresionante. En colores predominantemente azul, amarillo y rosado. Son abstracciones geométricas de momentos significativos de la localidad. Hay detalles como cráneos que recuerdan a los Tzompantli mexicas y figuras humanas simplificadas, algunas como habitantes de espacios rectangulares y otras como trabajadores u obreros, también es posible que sean referencias a hechos sensibles y simbólicos vividos en los alrededores como derrumbes de edificios durante 1985 o la matanza del 2 de octubre de 1968. La gran pared fue segmentada siguiendo su construcción, dividiendo entre espacios amplios y estrechos entre columnas. Pudo haber sido todo regular y modular pero no, en cada segmento hay que detenerse unos momentos para apreciar y descifrar, unos más fáciles que otros. 

En otros movimientos como el Constructivismo Soviético el arte a partir del geometrismo idealmente quería separarse de ideologías, buscar un arte más universal y el camino podía ser el orden y la fácil apreciación de las figuras geométricas junto con su abstracción. Nicandro Puente plasmó dinamismo y una estética atractiva para la comunidad, generando impacto visual. El artista falleció en 2005 de un problema cardiaco y dejó seis murales de este proyecto inconclusos.

Compromiso con la lucha social.
José Hernández Delgadillo. 

José Hernández Delgadillo. Murales geométricos en la Unidad Habitacional Morelos “Los Soldominios”. Fotografía: Cuauhtémoc Islas

Prolífico creador de origen hidalguense, también egresado de La Esmeralda, pintó en todo el país más de 170 murales, muchos de los cuales han desaparecido. Incluso se los tapaban los patrones de los trabajadores, y él los volvía a pintar hasta cuatro veces. Él estaba muy comprometido con la lucha social y rechazaba comisiones oficiales para ir a las provincias con trabajadores y estudiantes radicales para apoyarlos en sus manifestaciones y pintar sus paredes. Al no contar con apoyos, los artistas se valían del trabajo colectivo, aunque el resultado fuese efímero. Trabajó en varios grupos, principalmente en ACA Arte Colectivo en Acción junto con José de Molina, Amparo Ochoa, Roberto López Moreno, Carlos Bracho, Sonia Furió, Teresa Selma, Pilar Pellicer entre muchos más creativos. Hacían ejecuciones multidisciplinarias con música, poesía y demás expresiones. También trabajó con el Grupo Cultural del Maíz Rebelde. Él relata que los apoyos a los muralistas fueron retirados por su culpa, al rechazar la proposición de Porfirio Muñoz Ledo, secretario de educación pública durante el mandato de Luis Echeverría, para pintar en Palacio Nacional. El pintor activista y político estuvo inmiscuido con diversos movimientos e instituciones de lucha. A destacar es que fue precandidato a la presidencia por parte del Partido Mexicano Socialista por el cual finalmente contendió Heriberto Castillo en 1988. 

Uno de los murales más interesantes que, a diferencia de otros trabajos suyos, no cuenta con figuras humanas, es el de la Unidad Habitacional Morelos conocida por los vecinos como “Los Soldominios” en la colonia Doctores que se comenzaron a construir en 1968 por el arquitecto Guillermo Rossell siguiendo las ideas de Le Corbusier, en unos antiguos complejos habitacionales de los trabajadores de la tabaquera El Buen Tono de principios del siglo XX. Los nuevos departamentos eran considerados de lujo y lo mejor de lo mejor de la ciudad. En 1969, José Hernández Delgadillo trabajó con el arquitecto Rossell muy de cerca, de hecho para otros proyectos, el arquitecto le proporcionaba la pintura. El artista hizo esculturas, escultomurales de concreto colado y martillado en algunas paredes y los inmensos murales estrechos para los edificios en forma de H. Los edificios Osa Mayor, Pegasso, Orión y Andrómeda cuentan con composiciones verticales con líneas rectas y círculos que serpentean o se yuxtaponen, con colores ocre, amarillos, beige, grises y rojos que hoy se encuentran muy desgastados. Se puede afirmar de que están inspirados en la estética de la Unión Soviética. De hecho él afirmaba que sutilmente son referencia a la matanza de 1968. Cuenta que quedó muy marcado por el hecho y que no pudio ir ese día al mitin estudiantil por reparar una escultura cinética en el Palacio de Bellas Artes. Contaba que desde ahí se escuchaban los disparos lejanos. Lamentablemente el edificio Osa Mayor fue demolido recientemente debido al daño sufrido por el terremoto del 19 de septiembre de 2017 esperando a erigirse un nuevo condominio para los habitantes. El pintor político falleció en el año 2000. 

De manera entusiasta puede observarse que la práctica de la pintura mural sigue viva. Graffiteros, artistas e ilustradores plasman nuevos ritmos en las paredes con estéticas de a cuerdo a nuevos tiempos con apoyos gubernamentales o de marcas conocidas. Valdría mucho la pena no olvidar el legado y dejar que se desgaste, descarapele o simplemente sea tapado para abrir paso a nuevas edificaciones. 

PARA LEER MÁS:

“Nicandro Puente, prolífico artista plástico mexicano” en El Siglo de Torreón, [en línea] México, 14 marzo 2015 [accedido el 21 marzo 2019]

BALAM, Benito, “Entrevistas a José Hernández Delgadillo” en Delgadillo (cerritos.cyberbro), [en línea] México, 27 diciembre 1998 [accedido el 27 marzo 2019]

BARNETT, Alan, “Homenaje a Pepe”, en en Delgadillo (cerritos.cyberbro), [en línea] México,en 9 noviembre 2000 [accedido el 27 de marzo 2019]

CAMPBELL, Bruce, “An unauthorized history of post-mexican school muralism”, en ANREUS, Alejandro, FOLGARAIT, Leonard, y GREELEY, Robin Adèle, ed., Mexican muralism, a critical history, Estados Unidos, University of California Press, 2012, pp. 263-279

CANALES, Fernanda, Arquitectura en México, 1900-2010, México, Fomento Cultural Banamex, 2013, pp. 122-136, 260-268, 418-455. 

CATO, Susana, “Un arte amarrado a la política”, en Proceso, [en línea] México 4 julio 1987 [accedido 21 marzo 2019]

CRESPO, Miguel J., “Rescatan legado del muralista que dio color a Tlatelolco”, en La Razón de México, [en línea] México, 30 agosto 2017 [accedido el 21 marzo 2019]

MORFIN, Mely, “Clásicos de la Arquitectura: Conjunto Habitacional Nonoalco Tlatelolco / Mario Pani”, en Arch Daily [en línea] México, 26 agosto 2015 [accedido el 21 marzo 2019] 

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