El romanticismo del artista del siglo XIX. Gauguin, viaje a Tahití.

Paul Gauguin, Mujeres de Tahití, 1891. Imagen tomada de Europeana Collections, Musée d’Orsay

En el marco del 22 Tour de Cine Francés, se proyecta en nuestro país Gauguin, viaje a Tahití (Francia, 2017, Dir. Edouard Deluc) que cuenta la etapa más idealizada del artista, cuando en 1891 busca alejarse de la decadente y sucia civilización de occidente. “Aquí ya no hay nada que pintar”, dice en los primeros minutos del filme, refiriéndose a Paris . Los paisajes y el color de la selva, el salvajismo, pero sobretodo el amor de una joven local, son elementos retratados que formularán la inspiración para las telas y maderas más celebres. El filme en parte alimenta una concepción romántica que aún permea en la sociedad: El pintor, el artista que sacrifica y hace lo que sea necesario por el arte mismo.

Para la historia del arte occidental, un punto de ruptura con la tradición académica e inicio del protagonismo del concepto en las obras de arte surge durante el siglo XIX. El impresionismo es el movimiento referente, de ahí parten otras tendencias y estilos. Poco a poco se empieza a alejar de la mímesis para estilizar y sintetizar la imagen. El pintor francés Paul Gauguin (1848-1903) es de los más famosos del postimpresionismo de finales del siglo XIX. Sus obras se consideran detonantes para los fauvistas y expresionistas al sintetizar formas pero sobretodo por el uso del color sin modelado, símple, cercano al primitivismo.

Gauguin, viaje a Tahití trata sobre los primeros dos años en aquellas tierras exóticas. De un París retratado como oscuro, gris o café oscuro, malhumorado, Gauguin (Vincent Cassel) trata de escapar de la civilización insípida en la cual no logra vender ni un cuadro. Trata de invitar a colegas pintores y a su esposa junto a sus numerosos hijos. Es rechazado e incluso tratado como desterrado fracasado. La vida en su nuevo hogar no es tan fácil como esperaba. No hay dinero, no es fácil cazar o recolectar alimento y su salud es deplorable por momentos. El artista tenía 43 años cuando llegó a las islas Polinesias, pero en el filme se le retrata mayor, casi un viejo pero con mucha vitalidad. Un segundo aire llega cuando se interna en el bosque húmedo y conoce a Tehura, (Tuheï Adams) una hermosa joven de un pueblo lejano de los puertos colonizados. Literalmente se la lleva sin chistar, a caballo. Esa muchacha se convierte en su musa y compañera en su sencilla vida, mayoritariamente la usa como modelo para sus obras. El eje principal no son las obras, sino su relación con Tehura, como viven una vida despreocupada y poco a poco Gauguin se integra a las costumbres de las comunidades. Gana un nuevo comienzo y además tiene todo el tiempo necesario para producir obras. Sin embargo su paraíso no dura para siempre pues tiene que resguardar el amor e integridad de su amada,  pues la pobreza y una posible infidelidad parecen interponerse.

Es lo que es, ficción, una dramatización de un personaje importante para la historia del arte que de alguna manera atrae la atención a una zona lejos del eurocentrismo y su fascinación por lo externo que solamente llegaba hasta Medio Oriente, India, China o Egipto. Para contar una historia no es necesario la exactitud total, no es un documental. Es para disfrutarse.  Me llama la atención que haya recibido críticas mediocres en otras partes del mundo. No es una película “divertida” con mucha acción en pantalla como una película “palomera”. Es interesante, para observarse y prestar atención al desarrollo de la historia. Se disfruta mucho más si se es un diletante, obviamente de las artes visuales. En parte es un anecdotario, se dan guiños para recrear cómo se hicieron sus obras icónicas. El personaje de Gauguin se integra bien a la comunidad,  es muy colaborativo, aprende la lengua y vive las tradiciones. Un momento importante es cuando en medio de la noche en total oscuridad solo se escuchan los sollozos de Tehura, el hombre enciende un cerillo que alumbra su cara sorprendida. Se le advirtió que espíritus que viven en el bosque y podían ir por él. Al parecer el espíritu de los muertos subió a la espalda de Tehura. Lo siguiente que hizo Gauguin fue dibujar la pose.

Paul Gauguin, El espíritu de los muertos vela (Manao Tupapau), 1892. Imagen tomada de Wikipedia

Aunque en la película se muestra a un hombre seguro de lo que quiere, muchas veces es manso y gana su lado cariñoso. Su enojo no desemboca en violencia aunque lo intenta. Se da cuenta de que no puede o no debe hacer atrocidades, encuentra una solución aunque no conlleve a un final feliz. Como si fuese un espíritu noble y sensible. Es la idealización del personaje. En la realidad las acciones y legado de Paul Gauguin es cuestionado. Principalmente si incurre en actos colonialistas o de abuso. Por ejemplo hay fuentes que indican que Tehura en realidad tenía 13 años, o que en su segunda y definitiva estancia su salud decayó debido al alcoholismo y la sífilis que contrajo de alguna de sus parejas sexuales. Pero estos son chismes y anécdotas. Me parece interesante contrastar la película con algunos estudios históricos pues no es gratuito el interés de Gauguin por culturas lejanas ni mucho menos considero infructífero su trabajo, que solo se haya apropiado de las imágenes.

Hay diversos orígenes del interés. De pequeño vivió un tiempo en Perú, tuvo en sus manos reproducciones de grabados japoneses ukiyo-e, sus visitas al museo de Louvre en las salas de arte egipcio y persa, la inauguración en 1888 de la sala de antigüedades del Musée Guimet de arte egipcio y lejano oriente, y finalmente la Exposición Universal de Paris de 1889 con muchas obras de arquitectura, escultura e imágenes de Indo-china. Esto marcará su trabajo para siempre: Áreas planas sin modelado del color, formas simples, figuras en perspectivas frontales o de perfil, motivos decorativos, composiciones asimétricas y la concepción de la pintura como simbólica. (DANIELSSON, 1969)

Entonces decidió partir pero tenía distintas opciones de las colonias francesas en el mundo. Consideró Indo-china y Madagascar. Creyó que sería fácil llegar allá pues según él las autoridades coloniales le darían trabajo como administrador o inspector de algun puesto en la jungla, sería muy barato y sencillo conseguir comida, trabajaría en sus pinturas y ahorraría su dinero. Sus aplicaciones fueron rechazadas. Pero un libro que llegó a sus manos, la novela El casamiento de Loti alimentó su fantasía de vivir alejado de la civilización, tendría un hogar adoptivo y nueva familia. Entonces centró sus esfuerzos en otro destino, Tahití.


La razón por la que parto es vivir en paz y evitar ser influenciado por la civilización. Solo deseo hacer arte simple. Para lograr esto es necesario pararme en medio de la naturaleza virgen, no ver a nadie más que a salvajes, compartir su vida y tener como única ocupación el hacer, cómo lo haría un niño, imágenes de mi mismo cerebro, usando exclusivamente  los significados del arte primitivo, los únicos válidos y verdaderos.  (DANIELSSON, 1969)

Aunque Gauguin se toparía con una verdad inesperada. Tahití era una colonia civilizada, había tabernas y tiendas chinas, no había desnudos totales y las mujeres llevaban camisones que les llegaban a los tobillos. Los misioneros cristianos y el comercio había borrado los vestigios del pasado.  Era muy difícil encontrar piezas talladas originales. Se sabía que existieron espléndidos objetos como huesos, caparazones de tortugas o palo fierro. Las existentes fueron saqueadas y vendidas a coleccionistas privados. Aún así las indagaciones de Gauguin sirvieron para llamar la atención y preservar el arte del pasado de Oceanía. Se las arregló para trabajar con los pobladores y cerca de la naturaleza. Coincidencia con la versión cinematográfica, no copia la naturaleza, sueña en presencia de esta pues el arte es abstracción, se concentra en sus pensamientos y el proceso creativo más que en el resultado. Y aunque quería alejarse de las influencias de occidente como la religión (se le describe frecuentemente como ateo), era inevitable que reflejara la ideología de Europa: Las figuras femeninas en sus pinturas eran evocaciones de Eva, Venus o la Virgen con el Niño. Incluso las composiciones de las poses de cuerpo completo o en los retratos. Hacía una amalgama de ambos mundos.

Paul Gauguin,  Tehamana tiene muchos padres, o, Los Ancestros de Tehamana (Merahi Metua No Tehamana), 1893. Imagen tomada de Artsy

Gauguin, viaje a Tahití es una idea romantizada del artista que sufre lo necesario para encontrar su camino, un tanto rosa pero interesante que cumple con su cometido además de entretener por un par de horas. A fin de cuentas me despertó la curiosidad para investigar sobre su trabajo y una sencilla recomendación se convirtió en este texto. 

PARA LEER MÁS:

DANIELSSON, Bengt, “The Exotic Sources of Gauguin’s Art” Expedition Magazine 11.4 (1969): pp. 16-26, en Expedition Magazine. Penn Museum, 1969 [accedido el 11 septiembre 2018]

FERNÁNDEZ. G, “La vida y obra de Paul Gauguin en Tahití y las Marquesas”, en The Art Wolf [el línea] [accedido el 11 septiembre de 2018]

NOTA: WordPress es la plataforma que uso para este blog. Estoy probando su nuevo editor Gutemberg. Esto traerá nuevas funciones para el diseño pero son firmes e insistentes en la desaparición de la alineación de texto justificado. Supuestamente la alineación lateral facilita la lectura. Por favor, hazme saber tu opinión sobre esto y en general el diseño de la platilla. Puedes hacerlo en los comentarios, al correo arteyperiodismoci@gmail.com o en twitter en @arteyperiodismo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s