Comentando una obra: Adatiel (el que camina la tierra)

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Alejandro Galván, “Adatiel (el que camina la tierra)“, 2015. 310cm x 215cm 

Esta obra forma parte de la exposición Dialogo Abierto: Esmeralda/San Carlos en la Biblioteca Vasconcelos. Aún pueden ir a visitarla hasta el 8 de noviembre.

Esta obra llamó poderosamente mi atención al visitar por primera vez dicha exposición. Primero hay que señalar que impacta el soporte, tanto por el tamaño como por el material utilizado. Al acercarme y mirar de lado el soporte deduzco que es un bastidor de madera o metal con malla de alambre tensada sobre la cual  se aplicó cemento. Un muro que parece tomado de la calle de la periferia del Distrito Federal, de los barrios bravos del Estado de México.

El cemento y las escalas de grises son perfectamente congruentes con el discurso de la obra. Hay un paisaje urbano que es recurrente en nuestra ciudad: las casas de ladrillo gris a medio construir que dejan de lado la estética para tener un lugar en donde vivir modestamente. Una masa gris de casas en hacinamiento. En las casas cercanas se ven elementos de estos barrios: los changarros, graffitis, modos de vida alternativos, el machismo, violencia y cientos de perros callejeros corriendo salvajemente. En medio se muestra amenazante un monumental canino, siguiendo la temática, debe de ser un coyote.

Esta obra es una síntesis de la vida de las clases bajas que habitan en esos barrios y con lo que a diario tienen que lidiar. La gente busca como sobrevivir y a veces lo hace a costa de los demás, deben de estar a las vivas para que no se lo chinguen a uno. A veces la gente debe de ser agresiva para defenderse. Puede interpretarse como un México decadente y violento, una lucha contra el mundo que nos rodea para poder ser lo que somos, para ser respetados o temidos. En esta vida han surgido otros artistas aclamados por las masas como grupos de rock, metal, los sonideros o la música banda que muchas veces glorifican la vida en el barrio. La espiritualidad igualmente está presente. En el mundo criminal es frecuente ver quien pide favores y da gracias a santos u otros personajes religiosos por regresar con vida un día más o por cuidar a sus familiares. Hay quien no corre la misma suerte y sus seres queridos cuelgan un moño negro en la puerta de la casa como señal de luto.

Estoy seguro que esta obra quiere reflejar la frase “el hombre es el lobo del hombre”. El coyote monumental tiene dos cabezas. Una feroz y otra más dócil. La cabeza en primer plano mira al espectador de una forma amenazante, marcando un territorio en el cual no es buena idea entrar sin una buena razón. Seguramente aquí están los mitos y realidades de Nezahualcóyotl, Estado de México. El autor puede que sea cercano de alguna manera a la vida criminal, o tal vez es un tema de gran interés para él. El crimen y la violencia es lo más representado en su obra, particularmente los símbolos que utilizan los grupos criminales como los tatuajes.

Seguramente llegar a este nivel de dibujo le tomó buenas horas de práctica. No necesita del color (como el rojo) para dar fuerza a sus ideas. Son muchos elementos en una misma obra pero no hay dificultades para apreciarlos uno a uno, a detalle. Es un México del que unos encontraron un hogar y con orgullo lo defienden, mientras que otros lo rechazan y se resignan a vivir ahí.

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